San Valentín: regalar flores no ayuda a la ecología


San Valentín: regalar flores no ayuda a la ecología

A muchas parejas les gusta regalar flores en San Valentín, ¿verdad? Si bien puede parecer un tipo de regalo que no afecta negativamente a la ecología, en realidad sí lo hace. En las semanas previas a San Valentín, la exportación de flores crece en enormes cantidades debido a que son el regalo que muchas personas escogen para su pareja.

En esta industria, más de 2/3 de la mano de obra empleada es femenina. Las mujeres trabajan sin parar durante muchísimas horas y reciben una paga sumamente baja, pero eso no es todo, ya que en muchos casos las condiciones de trabajo no son las adecuadas. Estos empleos no están respaldados por las leyes, no hay cobertura sanitaria y lo que se gana apenas alcanza para sobrevivir.

Pero la historia no termina aquí. ¿Cuáles son las flores que más se suelen regalar durante San Valentín? Las rosas. Anteriormente ya les habíamos contado que las rosas son grandes emisoras de CO2. Las rosas que se preparan exclusivamente para San Valentín, unos 100 millones aproximadamente, son responsables de la producción de nada menos que 9.000 toneladas métricas de dióxido de carbono, y ni hablemos de toda el agua que se gasta ni de los fuertes fertilizantes y plaguicidas que se utilizan.

No es necesario regalar flores en San Valentín ni en ningún otro día del año. Recuerda que siempre puedas optar por las alternativas que ofrece la ecología, como una cena en un restaurante ecológico, por ejemplo.

Si bien regalar flores en San Valentín es muy bonito, lo ideal es que tratemos de regalar de alguna clase distinta a las rosas. Las rosas tienen un impacto ecológico mayor al que muchos pueden llegar a pensar, y como ya decíamos su disponibilidad depende de una mano de obra que resulta extremadamente barata y muy mal pagada. Quienes trabajan en la industria de la producción de rosas a menudo lo hacen en negro, es decir, por fuera de la cobertura de las leyes laborales, y las condiciones de trabaja tampoco suelen resulta ser las mejores.

Cada año se preparan millones de rosas para San Valentín, y todo el proceso provoca la emisión de miles de toneladas de dióxido de carbono, lo cual por supuesto termina contaminando el planeta y envenenando la atmósfera. Además de eso, esta industria hace uso de enormes cantidades de agua para el cultivo de las rosas y también se utilizan diversos tipos de fertilizantes y pesticidas, los cuales en muchas ocasiones terminan contaminando el suelo y cursos de agua cercanos.

Lo cierto es que regalar rosas, o flores directamente, no es algo que tenemos la obligación de hacer en ninguna ocasión, y siempre se puede optar por diverso regalos ecológicos que no dañen ni contaminen el medio ambiente.


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