Aguas residuales


¿Qué son las aguas residuales?

Las aguas residuales son aquellas contaminadas con orina y con materia fecal, procedente tanto del ser humano como de cualquier animal.

Las aguas residuales no son un tipo de agua cualquiera ya que como su nombre indica están contaminadas.

A lo contrario de lo que se puede llegar a creer, estas aguas no solamente generan un muy mal olor, sino que además son muy contaminantes, por lo que requieren ser canalizadas, tratadas y desalojadas.

Si son tratadas en forma indebida o si directamente no son tratadas se puede dar lugar a una fuerte contaminación.

Las aguas residuales también reciben otros nombres, siendo llamadas aguas servidas, aguas fecales o aguas cloacales.

Aguas residuales

Son residuales porque, una vez usada el agua, se transforma en un residuo, no siendo de utilidad para el usuario directo; el término cloacales se les asigna porque son transportadas por las cloacas (alcantarillas).

Hay quienes separan por un lado a las aguas residuales de origen doméstico y por otro a unas similares pero de origen industrial, aunque muchos las consideran del mismo tipo ya que son contaminantes.

El tratamiento depende de cada caso, pudiendo llegar a variar mucho entre un caso y otro.

En el caso de un origen industrial es mejor que reciban tratamiento en el lugar de origen, pues su composición es muy distinta a las de las aguas residuales hogareñas debido a la muy probable presencia de agentes químicos industriales.

Importancia del tratamiento de aguas servidas

En el tratamiento de aguas servidas, el metanol tiene un papel crucial y también en la ecología. Los niveles altos de amoníaco que acompañan a los residuos procesados en las instalaciones generan una degradación bacteriana, que convierte el amoniaco en nitratos.

A través de un proceso conocido como “desnitrificación”, las instalaciones de tratamiento de aguas convierten el exceso de nitrato en gas nitrógeno y luego es ventilado a la atmósfera.

Tratamiento primario de aguas residuales

El constante aumento de la industrialización, la urbanización y el crecimiento de la población están conduciendo a la producción de grandes cantidades de aguas residuales que, con frecuencia causan peligros ambientales.

Esto hace que el tratamiento de aguas residuales y la reducción de aguas residuales sean cuestiones muy importantes. En el tratamiento primario, el agua residual se canaliza en grandes tanques de almacenamiento (tanques de sedimentación) y se dejará reposar para permitir que las grasas y aceites suban a la superficie.

El material en la parte superior e inferior de los tanques es desperdiciado, y el agua pasa al tratamiento secundario.

En esta etapa, las bacterias se introducen y comienzan a consumir las pequeñas partículas de materia orgánica que permanecen en el agua. Para facilitar esto, el oxígeno se bombea en el agua para permitir que las bacterias se alimenten de forma continua.

El agua pasa entonces a otro grupo de tanques de sedimentación, donde la mayoría de las bacterias se asientan y se bombea de nuevo a los tanques de aireación. El agua es tratada con cloro o expuestos a la luz ultravioleta para matar las bacterias restantes.

En promedio, este proceso elimina más del 90% de las impurezas que estaban en el agua.

Vertido cero de aguas residuales en procesos-industriales

Muchas industrias generan aguas contaminadas durante sus procesos productivos que no pueden ser vertidas en el entorno natural, ya que son perjudiciales para el medio ambiente y para la salud humana.

En la mayoría de casos se opta por someterlas a un tratamiento de aguas grises industriales en el que se eliminan los agentes contaminantes para que puedan ser devueltas al medio natural, es decir, vertidas a ríos, lagos o al mar.

Estos procesos de tratamiento generan dos resultados: una fracción de agua limpia, que es la que puede ser vertida, y otra fracción de agua contaminada que ha de ser almacenada y gestionada, normalmente por una empresa externa.

Esta solución garantiza que las aguas que se vierten no suponen ningún peligro medioambiental, pero sigue presentando dos grandes inconvenientes:
No se reduce el consumo de agua de red de las industrias, el cual es muy elevado.

Tras el tratamiento siguen existiendo una gran cantidad de aguas contaminadas, que se envían a un gestor externo para su almacenamiento y eliminación, con los elevados costes económicos que ello conlleva.

El concepto de vertido cero hace referencia a la ausencia de cualquier tipo de vertido de aguas procedentes de procesos productivos industriales al entorno natural, lo cual se consigue aplicando los tratamientos necesarios para que dichas aguas puedan ser reutilizadas por la misma industria, así como a la ausencia de aguas contaminadas para ser enviadas a gestor, mediante su minimización y transformación en un producto valorizable (materia prima o subproducto).

Si se consigue reutilizar el agua y eliminar los residuos a gestionar, los beneficios para las industrias son múltiples:

  • Consumo responsable de agua de red.
  • Reducir los costes vinculados al consumo de agua.
  • Minimización radical, o desaparición de los residuos a gestionar externamente.
  • Ahorro económico en la gestión de residuos externa.
  • Ingresos por la venta de subproductos, si se consigue transformar el residuo en un producto valorizable.
  • Ahorro en materias primas, si se consigue transformar el residuo en una materia prima aprovechable para la industria.
  • Mejora de la imagen corporativa por la sensibilidad ambiental que demuestra la implantación de este sistema.
  • Facilidad para la posterior implantación de un sistema de gestión medioambiental.
  • Ahorro económico en la fiscalidad del vertido.
  • Ahorro económico en posibles sanciones administrativas por no adecuación del vertido a la normativa.
  • Elevado nivel de autosuficiencia en el consumo de agua.
  • Las principales tecnologías para conseguir un vertido cero de aguas residuales son los evaporadores al vacío, combinados con cristalizadores, y la ósmosis forzada.

Estas tecnologías permiten tratar un efluente industrial y concentrar al máximo los residuos que se encuentran en las aguas residuales, incluso los que están disueltos (sales, detergentes, aceites, etc.).

Tras estos procesos se puede recuperar hasta un 98% de agua limpia para su reutilización, quedando un 2% de concentrado de residuos.

Estos concentrados acostumbran a presentarse en forma de fangos, que pueden ser secados para eliminar los restos de agua, dando así origen a un subproducto sólido para su posterior utilización como materia prima o producto valorizable.

En caso de que el subproducto no pueda ser reutilizado, se garantiza al menos que su coste de gestión será claramente inferior, ya que la cantidad de residuo a gestionar será mucho menor.

Si bien es cierto que la implantación de sistemas de vertido cero no es todavía aplicable en todos los casos, se continua trabajando e investigando para que cada vez sean más las industrias que puedan adoptar esta solución.


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